Ozempic: más allá de la pérdida de peso

Introducción

En los últimos años, pocos medicamentos han generado tanta atención como Ozempic. Lo que comenzó siendo un tratamiento para la diabetes tipo 2 ha terminado ocupando titulares, protagonizando debates en redes sociales y despertando el interés de millones de personas que buscan perder peso.

Su popularidad ha sido tan grande que incluso ha trascendido el ámbito sanitario. Medios de comunicación, redes sociales y personas públicas han contribuido a convertir los agonistas del receptor GLP-1 en uno de los fenómenos de salud más comentados de la última década. Para algunos representan una revolución médica capaz de cambiar la forma en que tratamos la obesidad. Para otros, son el símbolo de una sociedad que sigue buscando respuestas rápidas a un problema tan complejo como la obesidad.

Sin embargo, la realidad es mucho más compleja que cualquiera de estos dos extremos.

Detrás de Ozempic existe una historia de décadas de investigación científica, un mejor conocimiento de los mecanismos que regulan el hambre y la saciedad, y una nueva forma de entender la obesidad como una enfermedad en la que intervienen factores biológicos, ambientales y conductuales.

Aunque la pérdida de peso ha sido el aspecto que más atención ha recibido en medios y redes sociales, la investigación reciente sugiere que los beneficios de estos tratamientos podrían ir mucho más allá de la báscula, con posibles implicaciones para la salud cardiovascular, metabólica e incluso renal.

Pero también existen preguntas importantes que conviene plantearse. ¿Para quién están realmente indicados estos tratamientos? ¿Qué ocurre cuando se abandonan? ¿Cuáles son sus efectos secundarios? ¿Pueden sustituir a la alimentación saludable y al ejercicio físico? ¿Y cómo encajan estos tratamientos dentro de una visión más amplia de la salud y los hábitos de vida?

En este artículo analizaremos qué dice la evidencia científica sobre Ozempic y los fármacos GLP-1, sus beneficios, limitaciones y el papel que pueden desempeñar dentro de una estrategia integral de salud.

¿Qué es el Ozempic® y los agonistas de GLP-1?

Antes de profundizar en los beneficios, limitaciones y controversias que rodean a estos medicamentos, conviene aclarar algunos conceptos básicos.

El GLP-1 (péptido similar al glucagón tipo 1) es una hormona que nuestro organismo produce de forma natural, principalmente por las células L del intestino en respuesta a la ingesta de alimentos (también se producen pequeñas cantidades en el cerebro). Su liberación forma parte de un sofisticado sistema de comunicación entre el aparato digestivo, el páncreas y el cerebro que ayuda a regular la glucosa, favoreciendo la liberación de insulina cuando los niveles de azúcar en sangre aumentan, además de participar en el control del apetito y la saciedad.

El problema es que esta hormona natural permanece activa durante muy poco tiempo antes de ser degradada por el organismo. Por este motivo, los investigadores comenzaron a desarrollar moléculas capaces de imitar sus efectos de forma más prolongada.

Así nacieron los llamados agonistas del receptor GLP-1, una familia de medicamentos diseñados para imitar o potenciar los efectos del GLP-1 natural.

Dentro de esta familia encontramos diferentes fármacos como semaglutida, liraglutida, dulaglutida y tirzepatida.

Ozempic contiene semaglutida y fue aprobado inicialmente para el tratamiento de la diabetes tipo 2.

Posteriormente apareció Wegovy, que contiene exactamente el mismo principio activo (semaglutida), pero a dosis superiores y con una indicación específica para el tratamiento de la obesidad y el sobrepeso en determinados pacientes.

Mounjaro, (además tambien es agonista de el GIP- polipéptido insulinotrópico dependiente de glucosa) que es el nombre comercial de la tirzepatida, por su parte, se aprobó inicialmente para la diabetes, pero durante los ensayos clínicos se observó una pérdida de peso llamativa, superior a la observada con semaglutida en algunos estudios comparativos.

Con este mismo compuesto (tirzepatida), nació posteriormente Zepbound, pero comercializada específicamente para la obesidad.

Aunque a lo largo de este artículo utilizaremos con frecuencia el nombre Ozempic por ser el más conocido y reconocible para el público general, gran parte de los conceptos que vamos a abordar son aplicables a otros medicamentos de esta familia, como Wegovy, Mounjaro, Zepbound o Saxenda. Todos ellos actúan, con sus particularidades, sobre las vías hormonales relacionadas con el apetito, la saciedad y el metabolismo.

Antes de Ozempic: el reto de tratar la obesidad

Para entender por qué Ozempic ha generado tanto interés, primero debemos comprender el problema que la medicina llevaba décadas intentando resolver.

La obesidad afecta actualmente a más de mil millones de personas en todo el mundo y constituye uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión arterial, apnea del sueño, hígado graso asociado a disfunción metabólica y otros muchos problemas de salud. Sin embargo, a pesar de su elevada prevalencia, durante años las herramientas disponibles para su tratamiento ofrecieron resultados limitados o difíciles de mantener a largo plazo.

Tradicionalmente, el abordaje de la obesidad se ha basado en tres pilares fundamentales: la alimentación, la actividad física y los cambios de comportamiento. Y aunque estos continúan siendo esenciales, la experiencia clínica y la investigación científica han demostrado que perder peso y, sobre todo, mantener esa pérdida a largo plazo, resulta mucho más complejo de lo que durante mucho tiempo se pensó.

La explicación clásica suele resumirse en una idea aparentemente sencilla: mantener un déficit energético. Sin embargo, esta visión por sí sola deja fuera una parte importante de la ecuación.

Hoy sabemos que el organismo no es un sistema pasivo. Cuando una persona pierde peso, especialmente si la pérdida es significativa, se activan diferentes mecanismos biológicos destinados a proteger las reservas energéticas. El apetito aumenta, las señales de saciedad disminuyen y el gasto energético puede reducirse, favoreciendo la recuperación del peso perdido.

Desde una perspectiva evolutiva, el organismo puede interpretar una pérdida importante de peso como una amenaza para sus reservas energéticas, activando mecanismos destinados a recuperarlas.

Esta respuesta fisiológica ayuda a explicar por qué muchas personas consiguen perder peso durante semanas o meses, pero encuentran enormes dificultades para mantener los resultados a largo plazo. De hecho, una revisión publicada por Hall y Kahan en 2018 describe cómo estas adaptaciones biológicas pueden persistir durante años tras la pérdida de peso, contribuyendo a la frecuente recuperación del peso perdido.

A esta complejidad se suma otro factor importante: la genética.

La investigación ha identificado numerosas variantes genéticas capaces de influir sobre el apetito, la saciedad y el gasto energético. Uno de los ejemplos más estudiados es el gen FTO, asociado a un mayor riesgo de obesidad en distintas poblaciones. Sin embargo, la genética no determina el destino: el entorno y los hábitos también desempeñan un papel fundamental.

Dicho de otro modo, la genética puede influir en las cartas que recibimos, pero no determina por completo cómo se desarrolla la partida.

Precisamente este conocimiento ha contribuido a abandonar una visión excesivamente simplista de la obesidad. Durante años se interpretó principalmente como una cuestión de disciplina personal o falta de voluntad. Hoy sabemos que se trata de una enfermedad compleja en la que interactúan factores biológicos, genéticos, ambientales, psicológicos y sociales.

Comprender esta realidad cambió la forma en que muchos investigadores entendían la regulación del apetito y el metabolismo. Si el organismo disponía de mecanismos biológicos capaces de influir sobre el hambre, la saciedad y el control glucémico, ¿sería posible actuar sobre ellos de forma terapéutica?

La respuesta comenzó a llegar a finales del siglo XX con el descubrimiento de determinadas hormonas intestinales implicadas en la regulación de la glucosa. Entre ellas destacaba el GLP-1, una molécula que despertó un enorme interés por su potencial para el tratamiento de la diabetes tipo 2.

Este descubrimiento acabaría transformándose en una de las líneas de investigación más prometedoras en el tratamiento de la obesidad, ya que observaron que los pacientes tratados con semaglutida perdían bastante % de su peso durante el tratamiento.

De tratamiento para la diabetes a la revolución de la pérdida de peso.

Esta observación impulsó una nueva línea de investigación centrada específicamente en el exceso de peso.

Durante años fueron desarrollándose moléculas cada vez más eficaces, entre ellas la semaglutida, principio activo de Ozempic. Lo que inicialmente había sido diseñado como un tratamiento para la diabetes comenzó a despertar un enorme interés en el ámbito de la obesidad.

Y entonces llegaron los estudios que cambiarían la conversación.

Por primera vez, un medicamento parecía capaz de producir pérdidas de peso clínicamente relevantes de forma sostenida y en un porcentaje importante de pacientes. La pregunta ya no era únicamente si estos tratamientos podían mejorar la diabetes, sino hasta qué punto podían transformar el abordaje de la obesidad.

La respuesta empezó a llegar en 2021 con la publicación de uno de los ensayos más influyentes de los últimos años: el estudio STEP-1.

De la pérdida de peso a la salud cardiovascular: los estudios que consolidaron la semaglutida

Tres estudios marcaron especialmente esta evolución y ayudaron a consolidar el papel de la semaglutida en el tratamiento de la obesidad y la salud metabólica.

El primero de ellos fue SUSTAIN-6, publicado en 2016. Aunque se diseñó para evaluar la seguridad cardiovascular de la semaglutida en personas con diabetes tipo 2, los resultados mostraron algo especialmente interesante: los pacientes tratados con semaglutida presentaban una menor incidencia de eventos cardiovasculares graves, como infarto de miocardio, ictus o muerte cardiovascular. Estos hallazgos despertaron un enorme interés, ya que sugerían que los beneficios del tratamiento podían extenderse más allá del control de la glucosa.

Años más tarde llegaría el estudio que cambió por completo la conversación sobre la obesidad. En 2021, el ensayo STEP-1 mostró que las personas con obesidad o sobrepeso tratadas con semaglutida junto con cambios en el estilo de vida, podían perder de media cerca del 15 % de su peso corporal tras 68 semanas de tratamiento, una cifra muy superior a la observada con los tratamientos farmacológicos disponibles hasta ese momento. Por primera vez, un medicamento conseguía resultados que comenzaban a acercarse a los observados con intervenciones mucho más invasivas.

Sin embargo, la historia no terminó ahí.

En 2023 se publicaron los resultados del estudio SELECT, que incluyó a más de 17.000 personas con sobrepeso u obesidad y enfermedad cardiovascular previa, pero sin diabetes tipo 2. Los investigadores observaron una reducción significativa del riesgo de sufrir eventos cardiovasculares mayores en los pacientes tratados con semaglutida. Este hallazgo fue especialmente relevante porque sugirió que los beneficios cardiovasculares no dependían únicamente de una mejoría en el control de la glucosa.

Tomados en conjunto, estos estudios muestran cómo ha evolucionado nuestra comprensión de la semaglutida durante la última década. Primero se consolidó como un tratamiento eficaz para la diabetes tipo 2, después transformó el abordaje farmacológico de la obesidad y, finalmente, demostró beneficios cardiovasculares que van más allá del control de la glucosa.

¿Qué otros beneficios se están investigando?

Aunque la pérdida de peso y la mejora de la salud cardiovascular son los beneficios más conocidos de la semaglutida, la investigación continúa avanzando. En los últimos años han surgido resultados prometedores en distintas áreas de la salud metabólica que podrían ampliar las aplicaciones de los agonistas del receptor GLP-1.

Sin embargo, conviene ser prudentes. A diferencia de la obesidad, la diabetes tipo 2 o la reducción del riesgo cardiovascular, muchas de estas aplicaciones todavía se encuentran en fase de investigación y requieren más estudios antes de poder considerarse indicaciones plenamente establecidas.

Hígado graso asociado a disfunción metabólica (MASLD).

El hígado graso asociado a disfunción metabólica, anteriormente conocido como enfermedad del hígado graso no alcohólico (NAFLD), se ha convertido en una de las enfermedades hepáticas más frecuentes en todo el mundo.

Esta condición se caracteriza por una acumulación excesiva de grasa en el hígado y se asocia estrechamente con la obesidad, la resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2.

Uno de los estudios más relevantes en este campo fue publicado por Newsome y colaboradores en 2021. Los investigadores observaron una mayor resolución de la esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica, sin empeoramiento de la fibrosis, en comparación con el grupo placebo, lo que despertó un enorme interés por el potencial de estos tratamientos en la salud hepática.

Aunque todavía se necesitan estudios a más largo plazo para evaluar su impacto sobre la fibrosis y la progresión de la enfermedad, los resultados obtenidos hasta la fecha son prometedores.

Enfermedad renal crónica.

La enfermedad renal crónica constituye una de las complicaciones más frecuentes y graves asociadas a la diabetes tipo 2 y al síndrome metabólico.

Durante años se sospechó que los beneficios observados con los agonistas GLP-1 podrían extenderse también al riñón. Esta hipótesis recibió un respaldo importante con la publicación del estudio FLOW en 2024.

Los resultados mostraron que la semaglutida reducía significativamente el riesgo de progresión de la enfermedad renal, insuficiencia renal y muerte cardiovascular en pacientes con diabetes tipo 2 y enfermedad renal crónica.

Estos hallazgos han sido especialmente relevantes porque sugieren que los beneficios de estos tratamientos podrían ir más allá del control glucémico y la pérdida de peso, contribuyendo a proteger órganos especialmente vulnerables a las complicaciones metabólicas.

Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (SOMP): una nueva forma de entender una condición conocida.

Otra área que está despertando interés para los agonistas del receptor GLP-1 se encuentra en el recientemente renombrado Síndrome Ovárico Metabólico Poliendocrino (SOMP), anteriormente conocido como síndrome de ovario poliquístico (SOP).

El cambio de denominación no responde únicamente a una cuestión terminológica. Refleja una evolución profunda en la forma de entender esta condición, poniendo el foco en sus implicaciones metabólicas y cardiometabólicas, más allá de la salud reproductiva. El cambio de nombre, respaldado por un consenso internacional, ha sido publicado en mayo de 2026 en la revista «The Lancet»

Actualmente se considera que el SOMP es una condición endocrino-metabólica compleja en la que interactúan alteraciones hormonales, resistencia a la insulina, inflamación de bajo grado y un mayor riesgo cardiometabólico.

De hecho, la resistencia a la insulina se considera uno de los rasgos fisiopatológicos centrales de la enfermedad y puede estar presente incluso en mujeres con normopeso.

Este nuevo enfoque ayuda a explicar por qué los agonistas GLP-1 han despertado interés en este contexto. Al mejorar la sensibilidad a la insulina, favorecer la pérdida de peso cuando existe exceso de adiposidad y contribuir a mejorar diferentes marcadores metabólicos, estos tratamientos podrían convertirse en una herramienta complementaria para determinadas pacientes.

Sin embargo, la evidencia disponible todavía es limitada y no permite considerar estos fármacos como una solución universal para todas las mujeres con SOMP.

Cerebro y conducta alimentaria

También se están investigando posibles efectos sobre los circuitos cerebrales relacionados con la recompensa, la conducta alimentaria y el llamado ‘ruido alimentario’ (food noise), es decir, los pensamientos recurrentes sobre la comida que algunas personas describen como difíciles de controlar.

Los receptores de GLP-1 no solo están presentes en el aparato digestivo, sino también en distintas regiones del cerebro implicadas en el apetito, la motivación y la toma de decisiones relacionadas con la alimentación. Esto podría ayudar a explicar por qué muchas personas refieren una menor preocupación por la comida, una reducción de los antojos y una mayor sensación de control sobre su conducta alimentaria durante el tratamiento.

Además, investigaciones recientes sugieren que estos fármacos podrían modificar la actividad y la conectividad de determinadas redes cerebrales asociadas con la recompensa y la atención. Aunque estos hallazgos son prometedores, todavía se encuentran en fases iniciales de investigación y no permiten establecer conclusiones definitivas sobre sus efectos a largo plazo.

Comprender mejor cómo estos medicamentos interactúan con el cerebro podría ayudar en el futuro a desarrollar nuevas estrategias para el tratamiento de la obesidad, los trastornos de la conducta alimentaria y otras condiciones relacionadas con los circuitos de recompensa.

¿Para quién puede ser una herramienta útil el uso de Ozempic y demás agonistas de GLP-1?

La popularidad de estos medicamentos ha provocado que muchas personas se pregunten si estos tratamientos podrían ayudarles a perder esos kilos que llevan años intentando eliminar. Sin embargo, conviene recordar que estos fármacos no fueron desarrollados para responder a objetivos estéticos ni para corregir pequeñas fluctuaciones de peso.

Su finalidad principal es mejorar la salud de personas en las que el exceso de tejido adiposo supone un riesgo real para el organismo.

Actualmente, las principales agencias reguladoras y guías clínicas recomiendan estos tratamientos en personas con:

  • diabetes tipo 2
  • obesidad (IMC igual o superior a 30 kg/m²)
  • sobrepeso (IMC igual o superior a 27 kg/m²) acompañado de comorbilidades, como diabetes tipo 2, hipertensión arterial, apnea obstructiva del sueño, enfermedad cardiovascular o hígado graso asociado a disfunción metabólica.

No es lo mismo una persona con obesidad, hipertensión y resistencia a la insulina que una persona sana que desea perder unos pocos kilos por motivos estéticos. Aunque ambas puedan tener el mismo objetivo aparente, el contexto clínico es completamente diferente.

Por este motivo, en personas sin alteraciones metabólicas significativas, la primera línea de actuación continúa siendo la mejora del estilo de vida. La alimentación, el ejercicio físico, el descanso y otros factores relacionados con el comportamiento siguen siendo herramientas fundamentales para mejorar la composición corporal y la salud a largo plazo.

La cara menos visible: efectos secundarios y limitaciones

Como ocurre con cualquier tratamiento farmacológico, los beneficios potenciales de Ozempic y otros agonistas del receptor GLP-1 deben valorarse junto a sus posibles efectos adversos.

La enorme atención mediática que han recibido estos medicamentos ha contribuido a popularizar sus resultados sobre la pérdida de peso, pero con frecuencia se habla mucho menos de sus limitaciones y de los efectos secundarios que pueden aparecer durante el tratamiento.

La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, los efectos adversos observados son leves o moderados y tienden a concentrarse durante las primeras semanas de uso o tras los aumentos de dosis. Sin embargo, conocerlos resulta fundamental para tomar decisiones informadas y mantener unas expectativas realistas. Aquí podéis ver la ficha técnica del producto.

Los efectos secundarios más frecuentes

Los síntomas digestivos son, con diferencia, los más habituales.

Esto no resulta sorprendente si tenemos en cuenta el propio mecanismo de acción de estos fármacos. Al ralentizar el vaciamiento gástrico y aumentar la sensación de saciedad, el sistema digestivo es uno de los primeros en notar sus efectos.

Entre los síntomas más frecuentes se encuentran:

  • Náuseas.
  • Vómitos.
  • Diarrea.
  • Estreñimiento.
  • Dolor o distensión abdominal.
  • Sensación de plenitud precoz.
  • Reflujo o molestias digestivas.

En la mayoría de los pacientes estos síntomas mejoran progresivamente a medida que el organismo se adapta al tratamiento, aunque en algunos casos pueden ser lo suficientemente molestos como para requerir ajustes de dosis o incluso la suspensión del medicamento.

Efectos menos frecuentes, pero importantes

Aunque son mucho menos habituales, existen otros efectos adversos que merecen especial atención.

La mayoría son infrecuentes, pero requieren valoración médica si aparecen.

Algunos estudios han observado un aumento del riesgo de problemas relacionados con la vesícula biliar, especialmente en contextos de pérdida rápida de peso. También se han descrito casos de pancreatitis, aunque la relación causal continúa siendo objeto de investigación y la incidencia global sigue siendo baja.

Por otro lado, algunos estudios han observado un ligero incremento de la frecuencia cardíaca en reposo. Este hallazgo generó inicialmente cierto debate, aunque los grandes estudios cardiovasculares realizados hasta la fecha han mostrado una reducción global del riesgo cardiovascular en pacientes seleccionados.

¿Qué ocurre cuando se abandona el tratamiento con semaglutida?

Si existe una pregunta que aparece una y otra vez cuando se habla de Ozempic, probablemente sea esta:

¿Qué ocurre cuando se deja de utilizar?

Es una cuestión lógica. Al fin y al cabo, si un tratamiento ayuda a perder peso de forma significativa, resulta razonable preguntarse si esos resultados se mantienen una vez suspendido.

Para intentar responder a esta pregunta, los investigadores realizaron una extensión del estudio STEP-1, uno de los ensayos más importantes sobre semaglutida en obesidad.

Tras completar las 68 semanas de tratamiento, un grupo de participantes fue seguido durante un año adicional después de suspender tanto la semaglutida como la intervención estructurada sobre el estilo de vida.

Los resultados mostraron que, tras abandonar el tratamiento, los participantes recuperaron aproximadamente dos tercios del peso que habían perdido previamente. Además, algunas de las mejoras observadas en factores de riesgo cardiometabólico comenzaron a atenuarse con el paso del tiempo.

A primera vista, estos resultados podrían interpretarse como una decepción. Sin embargo, muchos investigadores llegaron a una conclusión diferente.

Más que demostrar que el tratamiento no funciona, el estudio puso de manifiesto algo que cada vez comprendemos mejor: la obesidad es una enfermedad crónica.

Cuando una persona pierde peso, el organismo activa mecanismos destinados a recuperar parte de esas reservas energéticas. El apetito tiende a aumentar, las señales de saciedad disminuyen y el gasto energético puede reducirse. Estos mecanismos, que ya comentamos al inicio del artículo, no desaparecen simplemente porque se haya perdido peso.

Por este motivo, al suspender un tratamiento que ayuda a controlar parte de estas señales biológicas, es esperable que algunos de esos mecanismos vuelvan a manifestarse con mayor intensidad.

Sin embargo, esto no significa necesariamente que todas las personas recuperen el mismo peso ni que el tratamiento haya sido inútil.

La respuesta puede variar considerablemente entre individuos y depende de múltiples factores, incluyendo la alimentación, la actividad física, la calidad del sueño, la composición corporal alcanzada durante el tratamiento y los hábitos desarrollados a lo largo del proceso.

¿Puede Ozempic sustituir a los hábitos?

La respuesta corta sería no.

De hecho, cuanto más aprendemos sobre estos tratamientos, más evidente resulta que su éxito a largo plazo depende en gran medida de lo que ocurre fuera de la jeringa.

Al regular parte de las señales biológicas, cuando el hambre disminuye y la saciedad aumenta, muchas personas encuentran más sencillo:

  • organizar sus comidas,
  • aumentar el consumo de proteínas,
  • reducir el picoteo constante,
  • mejorar la calidad de su alimentación,
  • mantener una planificación alimentaria,
  • comenzar un programa de ejercicio físico.

En este sentido, el medicamento no crea el hábito, pero puede facilitar el contexto necesario para construirlo. Por tanto, ambos deberían ir de la mano durante el proceso.

La importancia de preservar la masa muscular.

Existe otro aspecto que merece especial atención durante cualquier proceso de pérdida de peso: la masa muscular.

Tradicionalmente se ha considerado que la función principal de la masa muscular era permitir el movimiento y el rendimiento físico. Hoy sabemos que su papel va mucho más allá.

Actualmente se considera un auténtico órgano endocrino que participa en procesos relacionados con la sensibilidad a la insulina, el metabolismo energético, la inflamación y la salud cardiovascular.

Por este motivo, un exceso de grasa corporal puede ser perjudicial para la salud, pero también lo puede ser una cantidad insuficiente de masa muscular.

Por este motivo, una pérdida de peso que preserve la mayor cantidad posible de masa muscular suele considerarse más favorable que una pérdida de peso acompañada de una reducción importante del tejido magro.

Esta cuestión adquiere especial relevancia durante los tratamientos con agonistas del receptor GLP-1. Como ocurre con cualquier estrategia que produce una reducción significativa del peso corporal, una parte del peso perdido puede corresponder a masa muscular.

Y aquí es donde el entrenamiento de fuerza adquiere un papel protagonista.

La evidencia científica muestra que el trabajo de fuerza es una de las herramientas más eficaces para preservar la masa muscular durante los procesos de pérdida de peso. Además, contribuye a mejorar la sensibilidad a la insulina, mantener la funcionalidad física, aumentar la capacidad para realizar actividades cotidianas y favorecer un envejecimiento más saludable.

En otras palabras, si los agonistas GLP-1 pueden ayudar a controlar el hambre y facilitar la pérdida de grasa, el entrenamiento de fuerza puede ayudar a conservar uno de los tejidos más importantes para la salud metabólica.

La calidad de la dieta sigue importando

Cuando una persona reduce de forma significativa la cantidad de alimentos que consume, cada elección alimentaria adquiere una mayor importancia. El organismo sigue necesitando proteínas, vitaminas, minerales, fibra y ácidos grasos esenciales para mantener sus funciones fisiológicas, independientemente de que el apetito sea menor.

La semaglutida puede ayudar a gestionar el hambre y la saciedad, pero no sustituye la necesidad de mantener una alimentación equilibrada basada en alimentos reales y mínimamente procesados. Verduras, frutas, legumbres, pescado, huevos, lácteos de calidad, carnes magras, frutos secos y cereales integrales continúan siendo la base sobre la que construir un patrón dietético saludable.

Además, durante cualquier proceso de pérdida de peso, y especialmente cuando esta es significativa, asegurar una ingesta adecuada de proteínas resulta fundamental para ayudar a preservar la masa muscular, favorecer la recuperación tras el ejercicio y mantener una adecuada funcionalidad metabólica.

Por ello, una combinación de entrenamiento de fuerza, suficiente aporte proteico y una alimentación basada en alimentos de alta calidad nutricional constituye una de las mejores estrategias para optimizar los resultados del tratamiento y preservar la salud a largo plazo.

Cuando una herramienta médica se convierte en tendencia

Pocas veces un medicamento ha trascendido tanto el ámbito sanitario como lo ha hecho Ozempic.

Esta popularidad ha tenido consecuencias positivas. Muchas personas han descubierto que la obesidad es una enfermedad compleja, influida por mecanismos biológicos que van mucho más allá de la fuerza de voluntad. Además, el debate generado ha contribuido a visibilizar la importancia de la salud metabólica y la necesidad de disponer de más herramientas terapéuticas para quienes las necesitan.

Sin embargo, también han aparecido algunos efectos menos deseables.

Las redes sociales tienden a simplificar realidades complejas. En ocasiones, la conversación ha pasado de centrarse en la salud a centrarse exclusivamente en la estética. El interés por los beneficios médicos de estos tratamientos ha quedado eclipsado por imágenes de transformaciones físicas rápidas, titulares llamativos y promesas de pérdida de peso casi instantánea.

Esto ha favorecido que algunas personas perciban estos medicamentos como una solución universal para adelgazar, independientemente de su estado de salud o de si realmente existe una indicación médica para utilizarlos.

Conviene recordar que salud y delgadez no son conceptos equivalentes.

Del mismo modo que un exceso de grasa corporal puede afectar negativamente a la salud, una reducción excesiva de masa muscular, una alimentación deficiente o una relación poco saludable con la comida tampoco representan un modelo deseable de bienestar.

Por este motivo, resulta importante diferenciar entre el uso médico de una herramienta terapéutica y su utilización como respuesta a presiones estéticas o expectativas sociales.

Quizás una de las mayores paradojas del fenómeno Ozempic sea precisamente esta. Mientras la investigación científica continúa explorando su potencial para reducir el riesgo cardiovascular, mejorar enfermedades metabólicas o proteger determinados órganos, gran parte de la conversación pública sigue girando alrededor de una única cuestión: la báscula y la estética.

Y, como hemos visto a lo largo de este artículo, la salud es bastante más compleja que un número.

Mi reflexión personal: ¿es bueno o malo inyectarse semaglutida?

Como profesional de la nutrición, considero que los agonistas del receptor GLP-1 representan una herramienta terapéutica muy interesante y, en determinados casos, pueden marcar una diferencia importante en la salud y calidad de vida de las personas con obesidad y comorbilidades asociadas.

La evidencia científica disponible muestra que estos medicamentos han supuesto uno de los avances más importantes de las últimas décadas en el tratamiento de la diabetes, la obesidad y diversas alteraciones metabólicas.

Desde esta perspectiva, resulta difícil negar que se trata de una herramienta valiosa.

Pero también sería un error considerarla una solución universal, ya que no eliminan la complejidad de la obesidad, no sustituyen la necesidad de mantener hábitos saludables y tampoco garantizan resultados permanentes una vez suspendido el tratamiento. Como hemos visto, la respuesta al tratamiento varía entre individuos y su utilidad depende en gran medida del contexto clínico de cada persona.

Así que más allá de preguntarme si son buenos o malos, mi pregunta sería:

¿Para quién puede ser Ozempic una herramienta útil y en qué circunstancias?

Algo que ya nos ha quedado completamente claro a lo largo del artículo: personas con ciertos grados de obesidad y comorbilidades asociadas.

Por otro lado, creo consistentemente en el poder de una buena alimentación, el ejercicio físico, el descanso y los hábitos de vida como pilares fundamentales de la salud.

Los medicamentos pueden ayudar. Y en algunas personas pueden hacerlo de forma significativa. Pero ninguna inyección puede sustituir por completo aquello que hacemos cada día. De hecho creo que juntos pueden funcionar perfectamente.

Quizás el mayor potencial de tratamientos como Wegovy no resida únicamente en la pérdida de peso que pueden producir, sino en la oportunidad que ofrecen para construir cambios sostenibles que acompañen a la persona mucho después de que termine el tratamiento.

Porque al final, la salud se encuentra en la capacidad de cuidar nuestro cuerpo de una forma que podamos mantener en el tiempo.

Finalmente, me gustaría hacer hincapié en recordar que la decisión de iniciar, mantener o suspender cualquier tratamiento farmacológico debe tomarse siempre junto al profesional sanitario responsable, valorando los posibles beneficios, riesgos y circunstancias particulares de cada persona.

Si no sabes cómo empezar un cambio de hábitos, o has intentado varias veces el camino sin conseguir los resultados que esperabas, quiero que sepas que no es imposible. Con un acompañamiento adecuado, estrategia y constancia, el cambio es posible.

Quizás necesites apoyarte en este tipo de medicamentos si tu médico así lo considera. Pero incluso en este caso, desarrollar hábitos que te acompañen durante años seguirá siendo algo clave para cuidar tu salud y mantener los resultados a largo plazo.

Si crees que puedo ayudarte en este proceso, te invito a entrar en mi web y ver qué podemos construir junt@s desde Nutrición Circular.

Referencias cientificas

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